Biografia de La Madre

 


   Mirra Alfasssa, más adelante conocida como la Madre, nace en París, el 21 de febrero de 1878, en el seno de una familia de clase acomodada procedente de Oriente Medio. Sus padres, totalmente pragmáticos y ateos, rechazaban como debilidad cualquier actitud de índole artística o espiritual ante la vida. En medio de esta atmósfera familiar tan poco propicia a fenómenos «sobrenaturales», la Madre, desde muy pequeña, vivirá las más extraordinarias experiencias interiores, en la más completa soledad.
   
   Se forma como pintora en la Academie Julian y frecuenta los círculos artísticos parisinos contrayendo matrimonio con Henri Morisset, pintor de la escuela impresionista, de cuya unión nace André, su único hijo. A los 26 años junto a Max Théon fundador del Mouvement Cosmique, famoso ocultista de la época, penetra los secretos de la naturaleza suprafísica y descubre su propia esencia divina, la luz interior del ser.
   Posteriormente se divorcia de Morisset, e inicia en 1910 una nueva etapa junto a Paul Richard, abogado e intelectual interesado por cuestiones filosóficas y esotéricas, con quien contrae nuevo matrimonio. Paul Richard conocía la obra de Sri Aurobindo publicada serialmente en la revista india Arya, que ambos tradujeron y a través de la cual Mirra iba descubriendo los paralelismos con su propia experiencia.
   
   El primer encuentro de Mirra Alfassa con Sri Aurobindo se produce el 29 de marzo de 1914 en Pondicherry, descubriendo, impresionada, que es el mismo personaje que se le aparecía en sueños desde muchos años antes, y que había confundido con una divinidad hindú. Permanecerá un año en Pondicherry antes de volver a Europa, y luego se dirigirá a Japón junto a su marido, donde residirá por espacio de cuatro terribles años de pruebas interiores. El 24 de abril de 1920 retorna a Pondicherry y restablece la conexión física con Sri Aurobindo. Surge en los dos la rotunda certidumbre de que la realización supramental sobre la tierra va a tener lugar, y da comienzo el trabajo infatigable de ambos en esa dirección, poniéndose los cimientos de un nuevo yoga, cuyo último objetivo será la divinización total de la mente, la vida y el cuerpo. En 1926, Sri Aurobindo se retira de la vida pública para acelerar el movimiento de descenso de la consciencia supramental a la consciencia física, y terminar todas sus obras, declarando que la Madre y él son una misma consciencia, y dejándola al frente del Ashram. A partir de ese momento todos se dirigen a ella con el nombre de la Madre. La labor de la Madre al frente del Ashram es incansable, bajo su dirección el Ashram se convierte en un verdadero laboratorio evolutivo, organiza la actividad cotidiana de un colectivo cada vez más numeroso al que se han incorporado niños, crea una Escuela para poner en práctica los principios de Sri Aurobindo, organiza charlas sobre el yoga integral, meditaciones y dirige la actividad física de los discípulos con el objetivo de preparar cuerpos fuertes y sanos susceptibles de recibir la supermente en su vehículo físico.
   
   Sri Aurobindo abandona su cuerpo el 5 de diciembre de 1950 para continuar su labor en los planos sutiles transfiriendo a la Madre en el momento de su muerte sus realizaciones. En ese momento empieza en el cuerpo de la Madre una nueva etapa del yoga supramental: el yoga de la transformación física, el yoga de las células. El 29 de febrero de 1956, la Madre tiene la primera experiencia del descenso de la fuerza supramental a la consciencia terrestre. La Agenda, que en 13 volúmenes recoge las conversaciones con su discípulo Satprem entre 1960 y 1973, ilustra la gran lucha que se produce en el cuerpo de la Madre en su intento de hacer descender al cuerpo físico la supermente, ya realizada en los niveles sutiles, para hacer posible la vida divina sobre la tierra.
   
   Bajo su dirección se funda Auroville -la ciudad de la aurora-, que ella misma define así: «Debe existir sobre la Tierra un lugar inalienable, un lugar que no pertenezca a ninguna nación, un sitio en donde todos los seres de buena voluntad, sinceros en sus aspiraciones, puedan vivir libremente como ciudadanos del mundo, el lugar de una vida comunitaria internacional, donde hombres y mujeres aprendan a vivir en paz, armonía, más allá de todas las creencias, opiniones políticas y nacionalidades».
   
   
En 1973 abandonó su cuerpo físico una vez establecidas las bases dinámicas de su obra trascendental.
   
   
   

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